Como punto de partida, digamos desde el espacio mismo en que se comienza para dar el primer paso, debería uno sentirse como un trazo de pincel particularmente cargado. Unos pelos repletos de tinta, para descargar finalmente cualquier elemento que pueda ser referenciado a un pelo de pincel y derrochar así grandes cantidades de cualquier elemento que pueda ser referenciado a la tinta negra o de color, a elección. El trazo de todos modos, aunque perdiendo cargas de color, debe subir en forma curva, centrando nuestro recorrido en el lado cóncavo de esta parábola de comienzo. No podría todavía visibilizarse el final de este trazo, ya que, claro está, seguirá su recorrido en función de otros trazos. Algunas veces pueden ir hacia arriba, otras hacia abajo, siempre considerando la primer curva como un comienzo. Esto nos podrá ahorrar esa sensación de pincel seco que pide más tinta, ese trazo apagado, que puede ser curiosamente un anuncio de próximos comienzos. La respiración debe ser gradual y aumentar desde el punto inicial de la curva, acompañarla de forma proporcional hasta el momento en que se puede sentir el remate de la curva, el extremo del aire, o más bien el límite de la oxigenación. Es entonces cuando podemos exhalar, cargar el pincel con más tinta, y felicitarnos por haber comenzado.

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