Si levantamos una piedra al azar, que haya estado por lo menos un mes y medio, o dos en el mismo lugar, expuesta a algunas lluvias y con una humedad relativamente alta, podemos encontrar debajo de ella un ecosistema algo desarrollado. Un poco de tierra fresca con algunas lombrices sorprendidas que intentan reubicarse rápidamente. Esa es la misma piedra con un ecosistema que podemos usar para arrojar y por ejemplo lastimar a alguien. Partir una cabeza tranquilamente. Lanzar el ecosistema volador repleto de vida para tal vez terminar con otra. No digo que necesariamente debamos hacer esto, pero simplemente es un punto de partida reflexionar en las posibilidades. Otra cosa que podemos hacer con esta piedra es pasarnos la parte húmeda con tierra por el brazo, de la forma en que nos pasaríamos un jabón para limpiarnos, pero en este caso sería lo contrario. Pasarnos una piedra con tierra para llenarnos el brazo de tierra. Todos sabemos de los nutrientes que la tierra nos puede aportar a la piel, como por ejemplo la de crear nuevos ecosistemas en nuestro brazo, y quizá allí puedan convivir algunas lombrices, hasta el punto en el que podamos ponerles nombre. Héctor, por ejemplo, siempre me gustó. Podemos también lamer la piedra y llenarnos la lengua de tierra. No digo que sea la opción más agradable pero como posibilidad y experiencia debemos considerarla.

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