Estaba caminando con mucha calma por el mercado de animales de Karakol, en Kirguistán. Me pregunté como hago seguido, cómo sería yo si hubiera nacido acá. Estaban todos los kirguises vendiendo ovejas, vacas, caballos. Algunos las cargaban y las metían en el baúl del coche, vivas nomás, ningún problema. Dije, bueno en principio para ser totalmente justos, si naciera acá, debería nacer con su aspecto físico, con los ojos algo achinados, con esa cara de mongol impresionante, con piel morena y esas mejillas rojas del durísimo sol de la estepa asiática. Debería hablar en kirguís también, eso me llevaría de alguna manera a tener otro tipo de lógica, ya que el lenguaje estructura nuestros pensamientos. Hay un punto crítico, el de la personalidad. Bueno digamos que se desarrolla a partir del contexto social-familiar, y de cierta genética. El contexto no es una complicación en cuanto a esta reflexión porque sencillamente debería ser el mismo. Me tendría que haber criado en una tradicional casa kirguís, no tendría tanto asado y pizza sino más bien arroz y plov, el cual me gusta mucho, sobre todo porque se ve con total naturalidad el poner una cabeza de ajo entera por plato. Por otro lado, en cuanto a la genética que determina ciertos rasgos de nuestra personalidad, incluso nuestro coeficiente intelectual por ejemplo, debería ser también el mismo. Ya que tendría el mismo rostro, el mismo cuerpo, el mismo cerebro, entonces también los mismos rasgos genéticos. Sigamos, ¿cómo sería yo si hubiera nacido en Kirguistán? Más precisamente aquí en Karakol. Inmediatamente me hice otra pregunta, ¿qué sería “yo”? o qué habría de “yo” en ese kirguís que describo. Claro, no me llevó mucho tiempo interpretarlo. Si yo hubiera nacido acá, si hubiera nacido donde nació aquel chico que está cargando una oveja en su baúl, yo sería exactamente él, tendría su cara, su familia, su personalidad, sus reflexiones, estaría cargando ahora mismo una oveja en mi baúl. O mejor, no “estaría” en condicional. Yo ya lo estoy haciendo. Yo ya soy ese kirguís, él es un argentino escribiendo historia de kirguises, los dos somos japoneses, mexicanos, portugueses, nigerianos. Somos hombres y mujeres, somos buenos y malos, blancos y negros, heterosexuales, homosexuales y no binarios. Somos egoístas y estúpidos, somos amables y generosos, somos el amor y el odio, somos escritores y somos lectores. Sabrá muy bien señor lector que usted mismo ya es kirguís y chino, sabrá que usted es yo mismo en este momento, y yo soy usted ahora mismo, porque deberá tener presente que nuestras nadas poco difieren; es trivial y fortuita la circunstancia de que seas tú el lector de estos ejercicios, y yo su redactor.

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