Una bruma tenue de la calle Dámaso Larrañaga, el sonido de un televisor que proviene de un departamento de un quinto piso se convierte en la banda sonora de la cuadra, unas calandrias se resguardan y descansan en lo alto de un tilo, un gato despierto observa la esquina con calma pero con atención. Los malvones se contraen y expulsan un olor a hierro más intenso. El sonido es suave y parece rítmico. Unos lazos de amor aguzan sus estolones para percibirlo, son pasos. Una azalea de primavera con sus tallos aparentemente secos puede verlo, es él. Ya no quedan dudas, aparece por la esquina un humo iluminado por un foco pobre, un sombrero de tango olvidado, un caminar saltarín fácilmente reconocible. Se hace presente en esta escena nocturna, Attilio Olivetti, el más extraordinario escritor de tangos de Buenos Aires.

Mueve su sombrero en sentido al paraíso más cercano, no se olvida de los fresnos, una acacia le hace una respetuosa reverencia, abraza un plátano con una sonrisa que apenas puede percibirse y continúa su caminar.

Da un paso y otro, reflexionando. Esta noche, quiere hacerlo a la velocidad del sonido. No del sonido viajando en el espacio como pensamientos ansiosos, sino el sonido expresado en el aire, navegando por encima del tiempo. Quiere hablar también, decir palabras que no puedan estructurarse en el aire, ni sean determinadas por números. Se detiene en este caminar y viendo unos pequeños brotes de albahaca se reclina para frotar sus dedos en sus hojas. Luego se huele a sí mismo para llenarse de embeleso y dice en voz alta: te extraño.

Dos palabras que súbitamente se vuelven historia, expresadas en un espacio lejano, en un tiempo impreciso e incuantificable, que sólo dura y trasciende en una única unidad posible, la que corresponde al extrañar y al te extraño.

Sonríe y saluda, fuma un poco más de tabaco, es hora de partir, siempre es hora de partir y dar la vuelta a la esquina, tal vez para perderse por la calle Rodó, o desaparecer. Hasta luego, menciona nuevamente con cierta tranquilidad, con un ritmo y tiempo únicos. Se despide el escritor de tangos de la calle porteña hasta un nuevo aviso.

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