Podemos mirar, girando nuestros cuellos de forma elegante, con los ojos en una posición horizontal. Realizar un movimiento en ese sentido y mirar con cara seria de concentración a otras personas. Allí encontraríamos otros ojos elegantes girando en el mismo sentido horizontal, buscando los nuestros. Con suerte nos toparíamos también con algunas sonrisas. Descubriremos ojos con ceños contraídos de enojo, de envidia, celos, de amor. Podríamos vivir así, respirando profundo y repitiendo de forma indeterminada este movimiento. No estaría mal. También podríamos hacerlo de otra manera, claro. Podríamos permanecer con una especie de anteojeras para mirar siempre hacia el frente y cambiar el eje de nuestra oscilación perpetua. El movimiento sería en sentido vertical. Primero llevando con suavidad nuestro mentón al pecho. Lo colocamos ahí y cuando el movimiento de cuello-cabeza alcanza su límite, continuamos en la misma dirección sólo con nuestros ojos. Podremos ver nuestro pecho, nuestra barriga, nuestros genitales, piernas, y pies. Luego repetimos la operación de forma contraria, vamos suavemente hacia arriba en forma vertical y miramos al cielo. Primero encontraremos al sol y nos enceguecerá. Admito su dificultad. A continuación reiteramos, mentón al pecho, y de nuevo hacia arriba y así podremos repetir indefinidamente esta otra operación posible.

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