De pronto un ritmo comienza a repetirse. Escribir es simplemente un ritmo, lo más próximo posible de la vacuidad total. Hago el mayor esfuerzo por no trasladar con ellos ningún pensamiento. En caso de ser repetitivo debería buscar nuevos recursos. Encontrar alguno de ellos es mi desafío. Me pongo a hurgar a veces deteniéndome azarosamente en la grasa que rodea la hornalla antes de limpiarla con paciencia. Me gusta tocarla con mi dedo y sentirlo engrasado, frotar el pulgar y el índice para detectar con mayor precisión la esencia de la grasa, ser agradable o desagradable al tacto, dependiendo de ciertos factores personales. Busco un nuevo ritmo asomado por la ventana, me gustan los días de invierno con un sol radiante y con aire frío. Puede ser tiempo de observar algún caminar, puede ser tiempo también de desenfocar la visión y cargar los ojos con sangre. Una mosca que camina a su velocidad de mosca, frenética, rápida con detenimientos súbitos y avances veloces. Tiene su propio ritmo, lo percibo algo nervioso. En un piano dulce, recibido con papilas gustativas puede haber un ritmo y un sabor. Claro, su expresión es muy concreta. De este lado los ritmos traen tiempos y notas, pero hay que rascar un poco más para encontrarlos, sobre todo porque tienen la dificultad de ser inaudibles.

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