Mientras ella se vestía, o aparentaba, mientras estaba casi desnuda sin importarle ni teniendo intención de cubrirse, se fumaba un cigarrillo y me llenaba de humo el departamento, mientras se reía y me contaba sobre su amigo que es médico y no sé qué cosa le recomendó para la depresión, algo de que corte unas zanahorias y algo más, yo fumaba también mi cigarrillo y la veía desvanecerse. Le pedía disculpas en secreto, le daba explicaciones. Yo en realidad no soy eso que ella cree que soy, o tal vez sí. Quería decirle que también tengo sentimientos y que mi cara de piedra no la puedo controlar. Empezó a hablarme de su mamá, de cuánto la quería y la relación que tuvo siempre con su padre, y yo escuchaba y fumaba, pero no atendía, no incorporaba nada de lo que decía porque estaba muy ocupado pidiéndole disculpas mientras ella poco a poco se aglomeraba con el humo de su cigarrillo y se convertía en humo también, deshaciéndose por completo, desapareciendo de mi vista, dejándome otra vez solo, otra vez a la merced del tiempo y la conciencia de estar hablando desnudo en el mañana, de ver esfumarse a otra mujer, de ver caer a pedazos sueños ajenos, de no interpretarme jamás, pero siendo lo que puedo ser, lo que difícilmente alcanzo a ser.

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