¿Y entonces todo gira alrededor de lo mismo?, ¿de comparar y poner una cosa al lado de la otra?, ¿incluso la totalidad de las vidas?, ¿cómo se pueden comparar vidas?, ¿logros?, ¿de qué logros me hablás?, si tan solo por un momento pudieras abandonar toda esa construcción lógica para abarcarlos a todos, incluso a mí, ¿así van a ser las cosas? Generar un escenario posible donde toda vida sea menor que la tuya, a partir de un conjunto de situaciones comparables por un tipo de criterio debatible, motorizado por alguna energía rencorosa que te lleva a hacer siempre lo mismo, y así dormir en paz, en una paz dolorosa, sabiendo que no hay acaso una posibilidad, y que todas las vidas deben ser comparadas y juzgadas por una vara que te pertenece, por suerte, y por la cual estás vivo, mirando hacia el frente, hacia arriba y hacia los costados, haciendo un esfuerzo sobrehumano para no girar un poco el cuello y mirarte finalmente a vos mismo, porque tal vez ese día te encontrará llorando, o rezando, con amargura y dolor de poca comprensión, donde hallarás tu propia alma parcialmente ida, agonizando en un suelo confuso y suplicándote piedad, te dirá, tal vez que se equivocó o te juzgará finalmente por no verla nunca, por dejarla permanecer en esas condiciones deplorables mientras te ocupabas por sujetar tu vara y asegurarte de que esté colocada en su lugar, indestructible, vaga, y penosamente inmortal.

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