¡Qué olor más feo!, huele a huevo podrido o a pedo de viejo podrido. No sé quién habrá sido el bestia o si fue la naturaleza. Me cubro la nariz con mi suéter para poder paliar semejante desgracia. Aunque, ahora pensándolo bien, después de oler un poco el aire espeso que viene de mi pecho, que por suerte es neutro, tengo una pequeña sensación o duda, ganas de volver a oler esa pudredumbre tan horrible y detestable. A ver, sólo un poquito… ¡puaj!, verdaderamente era muy feo, por dios qué inmundicia. Si eso viene de una persona, debería cambiar su dieta o tal vez yo deba tomar una determinación seria como llevarlo al hospital. Sin duda su cuerpo o al menos su sistema digestivo se está descomponiendo por dentro y no podríamos decir que no ha dado señales al respecto, como esas enfermedades que te agarran desprevenido y que uno no se dio cuenta hasta el último momento. De tanto pensar que ya me olvidé el olor. ¿Será posible recordar un olor? Bueno, ya sé que es muy feo, pero un pequeño repaso olfativo más y listo, juro que es el último, a ver… ¡¡Aaaahhhh!!

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