Debo reconocer que aquella noche había exagerado un poco con todo y me encontraba completamente ebrio. Entré al baño del lugar como pude, y tambaleándome hice lo posible por orinar. Apoyé parte de mi cuerpo en la pared, me sostuve con mi frente, y finalmente, con algo de dignidad pude hacer el esfuerzo correspondiente con mi mano, tomando una posición definitiva que no podría juzgarse del todo como penosa.

Mi mirada se perdió, me concentré o desconcentré plenamente examinando un recorte de cerámico roto, un bordecito digamos donde se encontraba el esmalte brilloso y blanco con su interior, la arcilla cocida color rojizo. Lo miré por unos largos segundos y pensaba si en caso de proponérmelo, podría ser capaz de escribir algo sobre ese bordecito. Decidí tocarlo, acerqué mi pulgar y busqué confirmar mi sospecha sobre su filo, se lo veía peligrosamente cortante, y era efectivamente así. Al contacto le agregué un poco de intensidad, presioné con fuerza el filo y deslicé vigorosamente el dedo por todo el recorte de cerámico. La yema de mi pulgar se abrió como se abren los cortes de carne en manos de carniceros expertos. Contemplé la sangre que aparecía y chorreaba con paciencia, indicándome que el bordecito era efectivamente filoso, y me brindaba además una verdad física, táctil.

Pensé que tal vez si lo quería, podría escribir algo sobre aquel cerámico, pero reflexioné inmediatamente qué sentido tendría. No tiene sentido, me dije. Debería ocuparme en cosas más importantes. ¿Cosas más importantes?, ¿Cómo qué?, me dijo inesperadamente el bordecito de cerámico. No estoy seguro si fue más sorpresivo que me hable o que yo no me sorprenda, pero le contesté respetuosamente. No te ofendas bordecito, pero hay cosas más importantes que vos me parece. ¿Cómo qué?, decime. Y, tal vez Dios por ejemplo, el universo, o la muerte también, son muy buenos temas y son muy importantes. ¿Más que yo?, ¿me estás cargando?, ¿Y qué tiene dios de bueno, o de importante? Tanto lío que hacés. Y, disculpame de nuevo, pero es importante. Hay gente que cree en él como verdad primera y dedica su vida para adorarlo y equilibrar sus sentidos, para sentirse en plenitud. Hay muchos dioses, y es posible que existan también, no lo voy a negar, sino resulta difícil entender muchas cosas.

Me das risa, me dijo el bordecito. ¿Y todo eso qué me importa? Qué verdad ni verdad. ¿Yo no soy de verdad? No viste tu dedo. Si querés acercate otra vez, con otro dedo o con el mismo, y te invito a sentir de nuevo el rozamiento, el corte, abrir tu pulgar o índice, de lo más terrenal que hiciste en tu vida, mirá un poco tu propia sangre, ¿hay algo más real que eso?

Me dolía bastante la cabeza, me pareció que tenía razón pero era demasiado para mí en ese momento. Le dije al bordecito que la conversación era muy interesante pero que debía irme. Así como estaba él, otros objetos que merecían la misma atención. Se ofendió un poco pero me dejó ir, prefirió que lo deje para observar cosas como un conjunto de hongos debajo de la bacha, un pedazo roto del espejo también, pero solamente de ese tipo, me dijo. Cosas que estén ahí cerca y que nadie jamás se haya tomado un momento para describirlas, ni para decir por ejemplo que son filosas y te pueden abrir la yema del dedo como si nada. Se quedó un poco más tranquilo y se alegró de que en definitiva haya escrito algo sobre él. Lo saludé con cariño. Era sin dudas un bordecito de cerámico muy simpático.

 

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