Estaba sentado muy cómodamente mirando televisión. Lograba ver con algo de detenimiento los pequeños colores que conformaban la imagen. Me acerqué un poco, casi distraído, despacio, naturalmente. Posé la punta de mi nariz en la pantalla. Miraba y miraba. Todo se veía agradable desde ahí, estaba realmente muy cerca, faltaba un poquito nomás, pensé. Hice algo de fuerza. Con mis dos brazos extendidos, sujeté el televisor por los laterales e hice presión hacia mí contrayendo los omóplatos, mientras en simultáneo me encargaba de hacer fuerza en el sentido contrario con mi rostro. De a poco sentí algo de dolor en mi nariz, la compresión era bastante intensa. No me detuve, comencé a hacerlo con mayor vigor. Me pareció que el televisor quería ceder, doblarse un poco hacia adentro. No le di ningún tipo de tregua y cada vez aplicaba más kilogramos de fuerza en la punta de mi nariz, dirigiéndola directamente hacia el frente. Sentí un dolor muy fuerte en ese momento, y un poco de sangre brotaba por mi nariz. Me concentré debidamente y lo hice sin especular más, con toda la fuerza posible. Sentí unos sonidos, algo se rompía, tal vez era el televisor, o mi nariz, no lo tenía claro. La pantalla comenzaba a quebrarse y me lastimaba, un poco los ojos y las mejillas, la frente también. No me detuve, nada podría ya hacerlo. Fui ingresando lentamente del otro lado. Se sentía muy bien, yo me sentía muy bien, tal vez algo desfigurado, pero el dolor ya no era dolor, era algo que me sucedía a mí de forma ficticia, yo mismo era una ficción. Supe entonces que podría haberme equivocado. Logré distinguir mi sofá vacío. Sentí algo de pena por mí mismo, y con el rostro borroso pregunté por mí. Alguien de por ahí o sólo una voz me respondió que no sabía de quién le hablaba, y que trate en lo posible de no preguntar tonterías.

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