En su mirada la calma. Paz absoluta e ineludible. Te quiero, me dijo. Te agradezco, respondí. Se alejó y en sus ojos perduraba una estela de sosiego dramatizado, y entre nosotros un espacio, y en el espacio mis brazos y los suyos. No podíamos alcanzarnos, apenas vernos. Necesario, siempre será necesario. Se acercó lo suficiente para tocarme, y lo hizo. Yo aún no podía. Me rozó, me besó. Te quiero, le dije. Te agradezco, respondió.

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