Río, de reírme y de río. Río a carcajadas, caudal de risas y cosquillas. De desesperación por momentos. Miro, de mirar a mi alrededor. Comparo, de perversiones y miedos. Observo, de hacerlo hacia arriba, hacia el cielo. En esa conexión visual está el infinito de un lado, y yo, del otro. Solo yo. Algunas nubes toman una forma de pipa, y expulsan humo. Eso lo dramatizan muy fácilmente, tal vez por eso eligen convertirse en forma de pipa y humo en lugar de ser un vaso de cerveza y cerveza. Conversamos. Así que vos allá. Te preguntás que hay acá: Pues nada. Me dijo una boca de nubes con tono de español neutro expirando nubes grises que se amontonaban densamente y buscaban llover. No lluevas todavía, le dije. Me gustaría primero poder tener ciertos conceptos más claros. Cómo cuales, como los del cielo, como los del buen vivir, y como los de este río y su caudal de risas nerviosas, que a veces lo encuentro completamente transparente y a veces negro. Pero si llueve, me dijo, si te lluevo ahora mismo en tu horrible cara, el río crecerá y desbordará. Te desbordará la cara de risas, o te ahogarás. Tal vez te alcance los pies y no tengas que mirar nunca más a tu alrededor, ni pervertirte, ni imaginarte que hay de este lado tampoco. Tengo miedo, suspiré de nuevo. Nunca vas a aclararme nada, siempre me dejás acá de este lado preguntándote lo mismo. Rió, la gran masa de nubes con forma de boca y de pipa, y me dijo que el acento de río, si se lo pasa de la “i” a la “o”, deja de ser río, y en vez de reírte vos, se ríen los demás. Exhaló más nubes con ambiciones artísticas que representaban muy bien al humo saliendo de una pipa, y se largó a llover.

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