A mi dame siempre la calle. Dame siempre el subte y el bondi. Dame personas que pueda alcanzar con un golpe visual mientras recorro la ciudad, y auriculares también, para no oírlos, para crear una escena melancólica o alegre, o gris, y ver con suerte algo que no exista. Dame jóvenes que ardan con sueños reales y futuros inciertos. Dame una ventana para descubrir peatones que rían, dame bondad para creer en ellos. Quiero también un rayo de sol que filtrándose por la ventana me ilumine, y así podría mirarme finalmente a mí mismo y sentir al menos por un precario momento que soy parte y que pertenezco a los jóvenes que arden con sueños reales, a los peatones que ríen. Dámelo todo, y dámelo en la calle.

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