– ¡¿Qué es eso?! – Preguntó Julio enloquecido.
– Son las nubes – Respondió Diego casi bostezando.
– ¡Pero están abajo!
– Claro, salamín.
– ¿Estoy muerto?
– No.
– ¿Soy dios?
– No.
– ¿Y cómo estás tan seguro?
– Estamos en un avión. Mirá ahí viene la azafata.
– Tal vez sí soy dios. No digo que sea “el dios number one”, pero quizá soy de esos griegos que hay un montón. Tal vez soy el “dios de la atmósfera”, o el “dios de las aerolíneas low cost”, ¿Qué me decís, eh?
– Pedime un whisky.

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