Entro lento a la cocina. Agarro la cajita de fósforos y saco uno. Lo raspo y se prende, lo conservo en mi mano derecha y con la izquierda presiono suavemente la perilla del gas para encender la hornalla. No entiendo porqué tiene grasa ésto todo el tiempo, ¿Es el aceite?, ¿Será acaso el vapor o más bien el gas que expulsa el churrasco a la plancha? Tal vez cuando le sale ese juguito, que luego es elevado a altas temperaturas, termine por tomar un estado gaseoso-grasoso que precisamente engrasa las perillas de las hornallas y los cerámicos. Un poco hacia la izquierda la perilla, que quede horizontal directamente, al máximo. Ya los números ni se ven, ni las marcas, ni nada, pero uno lo hace de memoria. Acerco suavemente el fósforo y finalmente se hace el fuego. Miro por la ventana de la cocina, chusmeo un poco cómo andan las cosas en el barrio. Ahí va la vieja de enfrente, ¿Cuántos años tendrá ya?, qué mala sangre se hace con ese hijo que tiene. Agarro la pava. Abro la canilla (canisha) de la cocina y la lleno. Agua fría mejor porque la caliente viene del termotanque y por lo general puede traer algunas bacterias o algo así, o al menos la fría viene directo del tanque de reserva y no tiene que andar pasando por otro. Pongo la pava en la hornalla (hornasha). Abro la alacena, busco el mate, lo agarro y lo poso en la mesada. La yerba, a ver, ¡Má!, ¿Dónde dejaste la yerba?, ah ok, si. Si está acá, joya, gracias. Pongo un poco de yerba en el mate. Lo sujeto ahora con mi mano izquierda y con la derecha tapo todo el círculo completo. Lo vuelco haciendo un movimiento algo exagerado, pero me sale así. Tal vez no sea necesario mover todo el cuerpo para eso, pero a mí me resulta que sí. Si alguien tiene algún problema que no mire (a través de las palabras), y lo haga como quiera en su casa. Antes de sacar la mano pongo el mate en horizontal, cosa de que la yerba deje un espacio para la bombilla (bombisha) y siendo técnicos, se vea o quede al aire una mínima parte de la base interior. La mano derecha me queda llena de un polvillo verde bien fino y la marca del círculo de mate. Tampoco estoy seguro de que sea necesario presionar tanto. Me lavo las manos, agarro el repasador y me las seco. A ver la bombilla, abro el cajón, revuelvo algunos tenedores, cuchillos, (clinck-clinck opaco y apagado) acá. Hay dos pero agarro una que me parece que funciona mejor, con una especie de espiral metálica, y no la otra que es como un filtro con una forma más ancha en la parte inferior. Agarro la bombilla (bombisha che boludo) y la pongo bien en el mate de costado, con suavidad y que toque bien el fondo sólido del mate. Dejo todo listo de pie en la mesada. La yerba debería tomar un ángulo de cerca de treinta y cinco grados, con la pendiente bajando obviamente hacia el sector donde se encuentra la bombilla. Voy a chequear la pava, todavía falta un poquito. Agarro el teléfono, mando unos mensajes de whatsapp, miro mínimamente facebook. Miro sin ver, sólo me dejo llevar por el deseo ansioso inacabable por un minuto. Vuelvo a chequear la pava. Agarro el repasador porque está caliente, lo apoyo (aposho chabón) en el mango y con las dos manos hago fuerza para abajo. Ya siento esa vibración suave. Saco la tapita de chapa con el repasador, porque obviamente el cosito de goma con el que originalmente se sujeta la tapita de chapa, hace años que se salió. Observo unas minusculísimas burbujitas que quieren empezar a brotar. Con mi mano derecha de nuevo la perilla de la hornalla hacia adentro, y después a la derecha dejándola en posición vertical. El fuego se apaga completamente. Me muevo en la mesada, agarro el termo, lo abro y vuelco el agua que le quedaba de una reunión anterior en la bacha. Lo coloco al lado del mate sin la tapa. Agarro el repasador de nuevo para no quemarme con la pava, la tomo del mango y empiezo a volcar en el termo. Escucho atento el ruidito a llenado que se va haciendo más y más agudo, hasta que alcanza una especie de nota tan alta que es imposible superar. Asomo un ojo despacio, no sea cosa que el vapor caliente me queme la retina y ya veo un poquito el agua. Suficiente. Vuelvo a dejar la pava arriba de la hornalla apagada. Agarro la tapita del termo y lo cierro. Me encanta este termo con ese botonote gigante. Lo aprieto y sirvo el primer mate. El chorrito de agua en el sector indicado justo acariciando la bombilla. Que la parte más alta de la yerba quede seca por favor. Cuando alcanza la altura suficiente para que no sea un mate corto, pero que deje seca parte de la yerba, lo tomo. Upa, caliente, pero bien, en cinco minutos va a estar perfecto. Escupo el primer mate en la bacha. Qué verde, debo tener toda la lengua y los dientes verdes ahora, tal vez aliento a león muerto también. Salgo a la terraza, y mi madre conversando con mi hermana. Pongo el termo en la mesa e inauguro la ronda pasando el primer verdecito. Veo el sol del atardecer en casa de mi madre, unas medialunas en la mesa, alcanzo a distinguir una bola de fraile también que seguramente será mía, charlando un poco de cualquier cosa y se me escapa una sonrisa. Mi vieja me mira, quién sólo se ríe de sus picardías se acuerda, me dice. No sé si aclarar o no. No quiero arruinarlo todo con algo de sensiblería barata de mates de sábado o domingo por la tarde. Sonrío nomás y me callo. Tomate un mate viejita, guarda que está caliente.

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