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tundrario

mes

agosto 2017

Cuando lo miré a los ojos, hice algo de fuerza. Después, mucha más. Abrí aún más los míos y lo deconstruí. Pareció tener miedo o suplicar, una de las dos. Tal vez pedir clemencia, escudarse en la compasión o alguna de esas sensaciones cobardes. Mis ojos más fuertes, fueron lentamente absorbiendo los suyos. Modificaron su morfología. Apliqué más intensidad en el hecho, mis ideas modificaron así mis percepciones, tuve entonces la capacidad divina de alterarlo por completo. Su rostro ya no parecía humano ni sus colores reales. Se convirtió en algo abstracto, surreal, incapaz de ejecutar comportamientos naturales, ni sentir temor, ni nada similar. Lo libré tal vez de la cobardía y el miedo, pensé risueño. Reí a carcajadas y miré al cielo. Allí seres inteligibles me felicitaron en principio por mi conversión nouménica definitiva y me juzgaron también por el uso inmoral de mis facultades. Me sentí avergonzado, volví inmediatamente a acariciar y besar la tierra entre sus manos. Hice un esfuerzo más leve y lo regresé a su estado natural. Le pedí disculpas de corazón. Por hoy estuvo muy bien.

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Dolor moderno. Ese chat. Ese nombrecito que estaba ahí tan al alcance, tan arriba cada vez que uno controla en el teléfono la innumerable lista de la avidez de novedades más burda y enferma. Tan lo último de lo último, una compañía total. Como una roca cayendo en una ladera fría, como una gota, fría también, tiene que estar helada sin excepción. Hacia abajo, con el dedo deslizo nombres como si fueran números, y para buscarte, para repasar palabras, recuerdos. De a poco hay que bajar. Buscarte cada vez más abajo, perdiéndote quizá entre nubes. La montaña está por arriba, ¿Yo estoy arriba? La vida tal vez será esa montaña, yo todavía no sé si soy la montaña o las nubes, o el dedo, quizá sea el teléfono, o mi propia vida materializada en un cuerpo insuficiente. Y vos perdiéndote, tus palabras que te conforman son ahora una nube perdida, un recuerdo cayendo, el tiempo que tic-tac, que te quiere convertir en una fecha, en numeritos groseros, y el muy cobarde lo hace. Ya sos numeritos, sos una fecha, vieja por cierto, que tic-tac como el tiempo, como la roca que cae en la ladera hecha de roca también, pero más grande, y tic-tac va cayendo a 9.81m/s2. Cada tanto el tac es más grave, más perdido y seco, olvidado, al golpear con una superficie más diagonal que provoca una eyección menos paralela a la ladera y TAC, más lejos, justo cuando ya no sé si volverá un tic, un tocar de nuevo con la ladera, con la montaña, esa piedrita se aleja como un paracaidista entre las nubes, se vuelve incalculable e incierto, se pierde, como también pierdo tus palabras y tu fecha, y ya casi que adiós piedrecita perdida entre las nubes, ya no te veo y qué hacer sino seguir, para arriba, en mi mundo, porque en el tuyo yo soy acaso esa piedrecita que tic-tac, que el tiempo y la distancia, que a 9.81m/s2 y me perdí en las nubes y en la caída, y de ahí mirar todo el mundo desde arriba, pero el pico desde abajo, hasta que una nube me tape y me ahogue, y ya no vea nada, ni siquiera a vos, ni siquiera a mí.

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