Claro que no es lo mismo decir que hacer. Cuando uno dice, teoriza sobre un sinfín de posibilidades que nunca podrían ser comprobadas si uno no lo hace. Cuando uno hace, enfrenta la existencia de disímiles situaciones que podrían convertirse en potenciales inconvenientes.

Cuando uno enfrenta inconvenientes, crece. Cuando uno crece, se aburre. Cuando el aburrimiento y la falta de excitación se convierten en un terreno cotidiano, los problemas avanzan sigilosamente.

Si la capacidad de enfrentar los problemas es aún mayor, podrán sortearse en forma expeditiva, o podrán apañar el alma con infinitos deseos inconclusos.

Para eso existe el arte. Si uno es capaz de involucrar deseos con inconvenientes, madurez y aburrimiento, tal vez encuentre alguna respuesta en expresiones poco convencionales. Tal vez no exista nada cierto a la hora de generar espacios con contenido propio que probablemente pocos podrán apreciar.

Así estamos, repletos de información que amenaza directamente nuestras emociones, y emociones que poco tienen que ver con lo que pasa a nuestro alrededor. El camino podrá ser confuso a la hora de liberar erupciones espirituales, o tal vez muy claro para aquellos que encuentran su pasión en las matemáticas.

Lo cierto es que de pasiones nada sabemos, la información excede cualquier medición racional, y los artistas persisten en su búsqueda.

Anuncios