¡Fuego!, se logra escuchar. Se trata del fortísimo Ejército Mediático Comunicacional, ¡Avancen! Una y otra vez. Las mentes débiles e impropias, seres inauténticos caen torpemente. Por los aires vuelan perdigones amarillos cargando noticias, vuela la música compuesta por repugnantes almas que odian la música, también vuela cine compuesto por tristísimas almas que odian el cine, vuelan también seres, personas despreciables que merecen morir, pero no mueren, sino que, como una enfermedad lo dominan todo y expanden lo peor que haya engendrado este humilde planeta.

El grandísimo ejército teje redes, ata sujetos y subjetividades, nos sumerge para siempre en el letargo, en un soma que resultó real, y atrapa mentes que se desintegran en el campo de batalla. Los cerebros buscan avanzar para responder al ataque pero embriagados se detienen liberando dopamina. La región aislada donde se lleva a cabo la cruzada se encuentra húmeda, mojada por el propio éxtasis mental, por los orgasmos de los cerebros detenidos y su fallida descarga sexual.

Del otro lado defienden la frontera algunos artistas, filósofos y religiosos. No logran avanzar sino que sólo pueden conformarse con la espera. Conservan libros y preguntas, cuestionan su propio ser y la esencia de su especie. Se puede ver cómo en definitiva, todo cae a pedazos, cómo una música “easy listening” atrapa el frente de la trinchera con un moderno narcótico sonoro y derrumba todo a su paso.

Los protectores de la causa se encierran en búnkers cada vez más débiles y leen, escuchan música, lo hacen con desesperación y se observan con pena y dolor, no debería ser así, no debería ser desesperadamente. El techo comienza a moverse y a caer. Los filósofos bajo los escombros toman sus libros y leen, y leen más fuerte, luchan.

Se escuchó llorar a un soldado defensor de la Causa Existencial, y gritar a otro, a un soldado amigo que se encontraba del otro lado. Vámonos, vamos al campo de batalla, no se puede tolerar esto ni mantener mucho más este sitio. Tal vez caigamos bajo su poderoso armamento de novedades, o sus narcóticos sonoros, pero será placentero, y caeremos de todas maneras, acompáñame.

Su colega se encontraba contraído bajo la trinchera, leía con dolor y fortaleza. La música compuesta por las repugnantes almas que odian la música no podía tocarlo todavía; ni tampoco el cine generado por los despreciables seres que odian el cine. Pudo por un momento abandonar su lectura y dirigió a su amigo su mirada, una sonrisa, y también unas palabras:

¡Fuerza soldado!, tome su libro y lea fuerte. Todavía quedan aquí causas por defender.

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