Ella entró en mi departamento y se me acercó cubriendo su rostro. Yo le quería decir que la amaba y buscaba su boca. Ella reía y me esquivaba mientras besaba mi cuello y besaba mis hombros. Yo reía aunque no podía verla, algo nervioso trataba de quitar el pelo de sus ojos pero no me lo permitía.

Yo no sabía si estaba soñando pero nunca amé tanto como aquel día. Su sonrisa era oscura y me hacía ver pequeño. Era lo que siempre había imaginado, y justamente hacia ella dirigía todo el amor que jamás supe concebir. Quise explicarle lo que sentía con palabras pero sonaba exagerado, traté también de ser paciente y generar distancia pero no pude.

Busqué mi orgullo y no lo encontraba. Me acercaba y la deseaba cada vez más. Quería que fuese mía, quería que me ame como yo la amaba o más todavía. Quise convertirme en su razón de existir, su energía para enfrentar cada día. Quería que me enseñe su rostro, quería besarla en la boca.

Yo no sabía si estaba soñando pero nunca amé tanto como aquel día.

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