No tiene que tener sentido siempre, no todo tiene sentido siempre, porque si todo lo tuviera se convertiría de pronto en algo previsible y patético como lo son la mayoría de las cosas. Tampoco puedo explicarte todo, vos sencillamente dedicate a fluir, relajarte, a no leer cosas ya dichas, a no recibir descripciones redundantes ni aburridas. A concentrarte y nadar por lo desconocido e incierto, por expresiones nunca dichas, con herramientas conocidas, claro, pero que abren puertas a otros espacios, porque todas las puertas ya están abiertas, las conocemos todas y están ahí, y estarán ahí para siempre. Mejor otras, mejor crear puertas redondas, puertas de colores, puertas que no tienen forma de puertas pero lo son, y abrirlas sin dudar, conocer lo que hay detrás, que me aventuro a decir que habrá más puertas y es posible que sean más extrañas, divertidas, profundas, de tipos desconocidos para nosotros pero que vale la pena conocer, ampliar el espectro de lo real, porque lo real es penosamente limitado, y por desgracia hace mucho tiempo que no puedo vivir ahí dentro. Creá tus propias puertas, claro, con la forma que quieras, yo no te voy a decir nada, nadie puede decirte nada, y quien lo diga, te lo dirá gritando de rabia nerviosa e insegura, muy despacito, sujeto al marco de su puerta, probablemente de su casa, de la cual no se permite o no puede salir. Vení conmigo, inventemos y abramos más, o ni siquiera, seamos lo suficientemente cuerdos como para crear cualquier cosa, que ya ni tengan forma de nada pero creamos en eso, que en definitiva no hay nada en que creer, y si debemos caer, por lo menos que sea con valentía y dignidad, que sea de pie bajo un dintel redondo o sin forma, bajo un marco imaginario, pero siempre cerquita, o mejor dicho abriendo, sí, abriendo una puerta propia.

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