El radiante Muda, conocido por los distintos artículos periodísticos como “el Joven”, andaba en uno de sus viajes por las islas del Mar Índico con la esperanza de poder cruzarse en algún momento con el supremo “Hombre Inteligible”.

El Joven se encontraba de alguna manera afligido porque aún siendo poseedor de una corta edad, sentía que lo había vivido todo, y que los intensos estímulos eran parte de su pasado. Se preguntaba de qué manera lograría recomponer su espíritu y volver a percibir esa sensibilidad tan pasional que ha sabido acompañarlo durante tantos años.

El Joven caminaba varias horas durante el día y se dedicaba a contemplar la naturaleza. Por las noches bebía alcohol para asegurarse de ser honesto, y conversaba con todas las personas que podía. Mucho aprendía Muda de estos encuentros mientras desgastaba en simultáneo su capacidad de ser conmovido.

Una noche se encontraba embriagándose en la hermosa arena de una de las Islas Seychelles fijando su mirada en el horizonte marítimo. De pronto el Hombre Inteligible se hizo presente y se sentó junto a él. El Joven no se dio tiempo para el asombro y le comentó de inmediato sus frustraciones. El Hombre Inteligible escuchó con atención y le ofreció un sabio comentario:

“Tu nacimiento y tu muerte se encuentran en este momento en extremos equidistantes de tu actual posición con respecto a tu idea temporal. Sólo puedes encontrar la valoración del presente cuanto más próximo te encuentres a alguno de estos puntos elementales de tu existencia.”

Muda reflexionó profundamente y halló en esas palabras una respuesta que no había imaginado. Con una sonrisa se volteó para abrazar al hombre que ya había desaparecido.

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