El otro día fui a la plaza a hacerme el que entreno y corrí un rato. Todo muy lindo escuchando música, muy contento, los árboles, la gente grande, la gente joven. Además de correr, me voy un ratito para un sector menos transitado y hago algunas flexiones de brazos. Nunca hago más de cuatro series porque sería un despropósito. Elijo más bien la milanesa napolitana que las flexiones, pero cada cosa en su momento. En principio hice algunas pero como me dolía mucho un brazo, fijé mi atención en mi extremidad y terminé completando muy pocas. Me levanté y di unas vueltas más por la plaza muy tranquilo escuchando música y me aboqué nuevamente a la parte de las flexiones. Esta vez me concentré más, exigí un poco la cabeza y no me detuve tanto en mis dolores. Lo positivo de este método fue que pude aumentar el número de repeticiones. Seguí corriendo de vuelta, goteando un poco de sudor, pasando algo de vergüenza y un ratito más tarde, otra serie. Esta vez reuní la concentración en un punto central de mi pecho, e increíblemente pude hacer muchas más. Seguí corriendo y pensaba esas cosas que te dicen los hippies, de estar en eje, de alinear las energías, de ubicarlas en nuestro propio centro, y todo tenía sentido, me sentía bien, enérgico y fuerte. Para la última serie elegí desafiar un poco el método que acababa de interpretar. Concentré toda mi energía por fuera de mi, no en mi brazo, ni en mi pecho, sino en el centro del planeta. Imaginé la plaza y todo el barrio, y todo el país y el mismísimo mundo como una gran pelota. Coloqué allí toda mi fuerza y lo interesante es que yo no me moví, pero sí completé la flexión. No estoy seguro pero creo que nuestro planeta se encuentra en este momento desfasado unos centímetros de su órbita original. Pido disculpas si esto llega a traerles algún inconveniente.

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