Esas noches en tus brazos, esas noches bajo las sábanas con tu cuerpo desnudo, tu dormitorio, tus cosas, algo de jazz sonando, tu mundo. Siempre supe que no te merecía, que eras demasiado, y disfrutaba y gozaba de cada momento, de tu risa que sabía que pronto dejaría ver, de tus abrazos que recibía con alegría y sensación de tiempo, de pasado, de nostalgia del presente, porque siempre supe, Lizette, que no ibas a ser mía por mucho tiempo. Me gustaba verte cocinar para mi, juguetear un poco con tu cintura aunque estemos acompañados y que me lo prohibieras pero con una sonrisa, con una seguridad que buscabas transmitir, que yo nunca creí. Me gustaba todo eso, Lizette. No se si te extraño, pero a veces cuando me atrapa la melancolía te recuerdo, y recuerdo tu cuerpo y tu mundo, ese mundo al que pertenecí y que nunca fue mío, Lizette.

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