Y despacio prendí un fueguito. Un fuego suave para cocinar despacio, viste. Y empecé de a poco tomando una copa de vino. Primero piqué la cebolla, me encanta ese ruidito que hace en el fuego cuando se está cocinando, y me encanta también cocinar a fuego lento. Tener mi espacio, y que las cosas se hagan más lentas, como deben hacerse, como debe suceder todo en la vida. Primero tiré las cebollas. Puse un poco de sal también. Mientras iban liberando ese juguito, decidí también tomar todos mis recuerdos, y tirarlos al fueguito. La cebolla le iba a hacer bien, seguro. Agarré la espátula y revolví un poco la cebolla con los recuerdos y la sal para que tomen sabor. Corté morrón y lo mandé de paso aunque ultimamente está muy caro. Tengo un picador de ajo muy bueno, y como nunca puede faltar el ajo, le eché también un poco. Después agarré todas las cosas que leí y las mandé bien trituradas. Esta parte costó, pero seguro que ayudaría y las revolví y las revolví. Fue tomando sabor, fue tomando forma. No se exactamente cual será el resultado, pero me pareció que de eso se trata un poco todo, bebí un sobro de vino y revolví un poco más.

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