Recuerdo aquella época en la que yo era capaz de hacer afirmaciones, de tener convicciones y creer profundamente en ellas. No sé cómo sucedió que me convertí en esta especie de ser repleto de dudas, incapaz completamente de decir una verdad en la que pueda creer. Sucedió en forma gradual, cuando me encontraba con suficientes argumentos como para hacer una afirmación o negación rotunda del mismo tema. Digamos que no dejé de tener convicciones, sino que tenía la misma férrea creencia para ideas directamente contrarias. Con el paso del tiempo empecé a asumirlo y creo que en realidad es algo muy bueno poder ver las cosas de manera opuesta, aunque el problema radica en que por momentos también estoy convencido de que es muy malo.

Anuncios