Y de a poco, muy de a poco se distancia mi ser del deber, y el deber cobra sentido a la distancia. Tan lejos como la muerte, como esa conciencia constante del fin definitivo. Difícil resulta percibir la plenitud y contar al mismo tiempo con la idea de perecer, de saber que volaré y nos iremos, y no seré nada, porque ahora mismo no soy nada, y olvidaré a todos, y todos me olvidarán, y mi paso por esta existencia tan insignificante será en vano. Rezo por las noches y pido al más allá que me confiesen el secreto, que me lo digan por lo menos a mí sólo, yo les juro que no se lo comento a nadie, porque yo ya no puedo más sabiéndolo todo, y aceptándolo todo, y por las mañanas el café humea y me hago el distraído al menos por un momento, realizo mi trabajo y lo niego. No quiero recordar nada de lo que sé, y así como viajo en el tiempo algunos años hacia adelante, también puedo viajar muchísimos y recorrer las calles, y en ellas no me encuentro, ni encuentro a mis hijos, y nadie me nombra. La gente caminará y obviará mi ser, no conocerá esto que siento, esto que me quema y que no puedo tener conmigo. Tal vez algún día se hará justicia, quiero una para todos los valientes que aquí estamos y lo damos todo aún sabiendo que todo se esfumará y que no hay nada, que no se nos permite saber el origen ni el final de este camino, que debemos transitar con valentía y honor, que es en definitiva lo que nos queda, vivir de forma noble y valiente, para caer al fin, lo más dignamente posible.

Anuncios