Creo que todos soñamos alguna vez, o pensamos siendo chicos (y grandes) que si se nos da por alguna razón que sería complicado explicar, y aparece el genio de la lámpara, lo primero que uno le pediría sería el poder tener a disposición todos los deseos. Imagino que igualmente no se permite y que debe estar normado por el Congreso Internacional de Genios de la Lámpara o algo así, porque si no sería todo muy fácil o todos los que se encontraron con Genios de la Lámpara son unos boludos. Sería interesante también interiorizarse y desarrollar el contrato principal establecido por el Congreso Internacional de Genios de la Lámpara, pero mejor lo dejamos para otra ocasión.

Con ese mismo concepto de englobar todos los deseos en uno, llevado a una acción más terrenal y personal a la que justamente busco referirme, mi padre logró transmitirme su conocimiento. Se encargó trabajosamente de inculcarme una sencilla idea, su legado concentrado en una sola tarea: la lectura. Durante años promovió esta actividad en variadas ocasiones y me explicaba, aunque yo fuese pequeño y no lograra entender del todo, que a partir del estudio podría ser fuerte y nunca dependería de nadie. Esto lo desarrollo de un modo más formal, ya que él, digno varón de barrio periférico lo expresaba diciendo “si leés, nunca nadie te va a tocar el culo”.

Con el paso de los años y con el aprendizaje encontrado en los libros, mi mente hizo esta repentina conexión con la del Genio que cumple deseos. Casi como si mi padre hubiera tenido una lámpara, y tuviese que elegir qué enseñanza transmitir a su hijo. Decidió entonces de forma casi obvia utilizar la fuente de todas las enseñanzas. Por esa razón sucede, que aunque él no se apersone en este reino terrenal, ha logrado que yo continúe desarrollando este hábito. Percibo que mi aprendizaje diario forma parte de su plan original, y cuando leo un libro, aunque nada tenga que ver con mi padre, pero que me conmueve o me abre puertas a nuevos mundos, siento que es él quien en definitiva lo hace, y en las palabras que leo encuentro sus palabras, y en mi silenciosa voz interior de lectura, su voz.

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