En la noche de invierno camina silenciosamente el escritor de tangos Attilio Olivetti. Fuma un cigarro con quietud y contempla la ciudad que supo amar durante toda su vida. Una serie de sucesos modificaron su rutina últimamente y se encuentra lejos de sí mismo.

Intenta utilizar aquel momento de reflexión y nostalgia para escribir un nuevo tango e imagina algunos versos que logran conmoverlo. Continúa con el paso firme mientras siente un cosquilleo en sus piernas. No le da mayor importancia y sigue concentrado en elaborar un tango perfecto. La noche se muestra amable e inspiradora, Attilio recuerda antiguas palabras de su padre e imagina a su madre durmiendo.

El cosquilleo no cesa y como si fuera poco, comienza a propagarse por el resto de su cuerpo. Attilio en principio se inquieta pero con una reacción inmediata trata de calmarse y olvidar ese desagradable estremecimiento. Deja de imaginar hermosos versos y nubla su mente por unos minutos, se dedica únicamente a consumir visualmente todos los rincones de las calles de Buenos Aires.

Una ansiedad lo invade y un extraño estímulo lo domina íntegramente. Descubre cómo un cuerpo se desprende del suyo mientras continúa su caminata. El silencio a su alrededor parece ficticio y sin terminar de comprenderlo, un nuevo Attilio Olivetti se engendra delante suyo y camina en su misma dirección unos metros delante de él.

Por otro lado, el Attilio Olivetti que camina adelante percibe la misma sensación y entiende que otro ser igual a él se desprende hacia atrás. Se detiene entonces y se voltea. Ambos se encuentran frente a frente y fumando pacientemente se examinan.

Conversan y comparten interrogantes. Trascurren unos minutos y uno de los dos olvida el reciente misterio y se muestra animoso, invita al otro a un bar, le dice que está algo eufórico y que tiene muchas ganas de embriagarse por completo esa noche para celebrar su multiplicación. El otro le dice que no, que esa noche solo quiere escribir un nuevo tango, y que seguirá caminando por la ciudad hasta hallarlo. Los dos se miraron algo decepcionados, se saludaron, y cada uno siguió su camino deseando ser el otro y envidiándose profundamente.

Anuncios