El reconocido ajedrecista ruso Nikolay Sóbolev no sabe expresarse de muchas maneras. Ha repetido hasta el hartazgo que el ajedrez es como la vida misma, por esta razón gusta de comunicarse a través del juego.

Es padre de dos hermosos hijos, un varón y una nena, nacidos en San Petersburgo. Nikolay suele jugar con ellos los fines de semana. No solo para perfeccionar la estrategia de los niños, sino que utiliza el espacio para enseñarles el funcionamiento de la vida misma. Porque el ajedrez es como la vida, claro.

Una mañana de domingo, Nikolay ordenaba sus piezas color negro para jugar con su hijo Mijail, el más pequeño. Antes de ejecutar cualquier movimiento, el padre le sugirió al niño que esté muy atento a su caballo blanco de casilla negra. También le dijo que además de observarlo atentamente, se sienta personificado y piense como aquel caballo.

La partida se fue desarrollando y el Gran Maestro Internacional encontró rápidamente la manera de amenazar a la dama rival de cierta forma que solo podría ser defendida por el caballo blanco de casilla negra. Mijail fue entonces sorteando diversos obstáculos preparados por su padre para proteger su pieza más fuerte. El niño muy sabio y obediente, siempre lo hizo con el caballo mientras se introducía en su piel y escudriñaba sus sensaciones.

Percibió que aquel caballo ponía en juego su propio pellejo para proteger a la dama, quien con muecas de indiferencia danzaba sobre el tablero. Una especie de bestia con cualidades limitadas buscando llamar la atención con su única herramienta: el coraje. La perseguía para salvarla a tiempo del súbito ataque del alfil negro de casillas blancas, o colocándose delante de la embestida de alguna poderosa torre. Siempre ofreciéndose como sacrificio, entregando su vida para resguardar a la dama.

Poco a poco el niño fue detectando la naturaleza de la situación hasta que Nikolay consideró que el momento era el apropiado para lanzar una arremetida fulminante. Con el movimiento de un alfil apareciendo detrás de una fuerte estructura de peones, amenazó a la dama. La única salida de aquella pieza era hacerse a un lado y entregar el caballo. Mijail lo comprendió rápidamente. Con nostalgia y lógica movió su pieza y colocó al caballo fuera del tablero.

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