Hugo reproduce una canción. La escucha y piensa cuánto le gusta. La vuelve a poner, la vuelve a escuchar, vuelve a disfrutar. Le comenta a sus amigos cuánto le gusta la nueva canción. Dice que nunca ha sido tan feliz escuchando algo como con aquella pieza melódica. Mientras suena se le pone la piel de gallina. Imagina colores y reflexiona nuevamente si alguna vez ha sentido tal cosa.

Héctor por su lado hace prácticamente lo mismo y reproduce la misma canción. A diferencia de Hugo, Héctor no piensa absolutamente nada, sencillamente comienza a nadar en el sonido. Héctor no puede comentarle nada a nadie ni puede reflexionar porque en este momento Héctor ha dejado de existir, es ahora la canción.

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