El pescador avanzaba suavemente por el lago temiendo por la integridad de su bote y por su propia vida. Navegaba en la oscuridad para poder escuchar los silencios que la luz callaba. La noche se encontraba en quietud y guardaba tras algunas nubes un secreto que llamaba la atención del hombre. El pescador avanzaba y sus brazos acusaban fatiga.

Mucho dudaba aquel desgraciado perdido en un lago que ya conocía. Observaba con pánico los débiles herrajes que parecían ceder lentamente. Continuaba su camino y bien sabía que podría alcanzar la otra orilla con el tiempo suficiente.

Las dudas no lo satisfacían. En lugar de conservar su propia integridad, deseaba aún con mayor intensidad alcanzar aquel secreto. Su acceso hacia el delirio infinito y las palabras eternas. Aquella confidencia despertaría su más profunda energía y enlazaría todas sus virtudes en forma adecuada.

El bote flaqueaba y los tirantes chillaban. El pescador no encontraba la manera de escapar de aquella situación. Podría hacerlo en paz y obviaría para siempre su oportunidad. Debía saber si el momento era el apropiado y si su suerte sería la que siempre había soñado. El secreto se alejaba a la velocidad de la rotación terrestre potenciada por el suave andar del hombre.

La otra orilla se mostraba encantadora pero predecible y sin futuro. La respuesta la hallaría en ese mismo momento.

Desprovisto de la razón, o más bien completamente ahogado por ella, comenzó a sacudir el bote y gritaba expresiones mundanas. La barcaza comenzó a abrirse y el pescador cayó al agua.

Inconsciente se encontró sumergido en el fondo de aquel lago perdido. Abrió los ojos y la oscuridad se apoderó de él. Detectó un brillo proveniente de su interior. Pudo comprenderlo todo. Ahora era el dueño del delirio infinito y las palabras eternas.

Anuncios