El otro día llegué a casa algo ebrio y de buen humor. Estar ebrio y de buen humor es algo muy bueno, por un rato mi cerebro se detiene y busca la calma, o puedo disfrutar casi cualquier cosa. De todos modos me senté en el sillón a fumar un cigarrillo y leer algo. Escuché un ruido que no se bien de donde vino porque tampoco mi departamento es muy grande. Miré para afuera y vi pasar una imagen espectral que según yo creo, es la vida.

Cada tanto aparece y hacemos una especie de análisis o balance anual, o algo así. A veces solamente se burla de mi, y me demuestra que sencillamente pasa, que está ahí, y que me está ganando. Yo se que siempre fui muy competitivo con ciertas cosas pero no detesto que alguien me gane más que la vida misma. Es así, a veces gana. Cuando gana te das cuenta porque pasa y sigue pasando, como que va más rápido que uno mismo, transcurre naturalmente y en lugar de que uno pueda elegir el camino, ella misma te va llevando.

No se si es rebeldía o alguna extraña idea personal porque no hago terapia, pero odio que me gane. Me da mucho miedo, conozco también mucha gente a la que no le asusta y le da igual, la vida le gana y le pasa por al lado, por el frente, le pasa y le pasa. Ojo, también tengo lo mío y puedo decir que yo también cada tanto la sorprendo y le paso por al lado, o le paso por el frente y le hago gestos. Normalmente recurro a algunas morisquetas de burla para que reviente de bronca.

La cuestión es que ahí estaba, sentado, algo ebrio y de buen humor, hasta que apareció. Me hizo burlas, algunas morisquetas también y me dio a entender que me estaba ganando en ese momento, que mi camino signado avanzaba tal como ella lo había planeado. Le arrojé el libro que tenía en la mano con todas mis fuerzas para que se vaya y me dejara en paz, por hoy estaba bien, ya sabía que me estaba ganando pero lo mismo da. Que se meta en sus cosas, que se meta con otro, pero no, siempre igual.

Terminé mi cigarrillo y me metí en la cama, puse el despertador bien temprano, al otro día me esperaba mucho trabajo aunque nadie me esperara, o tal vez ella sería quien en definitiva lo haría, estando cerca, desde la sombra, observándome y esperando su momento para burlarse de mi y hacerme morisquetas.

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