La naturaleza es sabia. Creó espacios perfectos y especies que conviven amistosamente. Creó también distintos ecosistemas que se conservan en forma equilibrada. Como parte del equilibrio poblacional suele suceder que unos se alimentan de otros. Muchos carnívoros son excelentes cazadores. Sus presas son por lo general más débiles y a partir de sus temores, desarrollan con los años su capacidad de defenderse o huir. La sabia naturaleza creó también, aún por fuera del razonamiento, la injusticia y el miedo. El ser humano, entonces, no inventó estas características. No olvidemos que hacer cargar a nuestra especie con estas responsabilidades no es más que una grosera idea antropocéntrica. El ser humano, ocupando un ínfimo espacio de la existencia, fue también creado por la naturaleza, y por consiguiente, también conoce y vive en carne propia la injusticia y el miedo.

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