Rojas armaduras se anuncian con vehemencia tras los montes y se dirigen al centro del valle con el fin de exhibir su presencia en el campo de batalla. Se trata de la extraordinaria Tropa de los Escritores Desesperados. Marchan con penas y sueños, llevan consigo libros y cuadernos. Algunos recitan poesías y otros cantan con voces desgarradas.

Se presentan como hombres voraces repletos de ígneas energías. A su alrededor se engendra un aura incontrolable de fuerzas que logran conmover a algunos curiosos espectadores ubicados en las cercanías, ansiosos por observar la cruzada más trascendental de la historia humana.

Dicha tropa ha recorrido miles de kilómetros a pie con sus corazones abiertos a sensaciones extremas. Vuelcan a continuación sus aventuras en sus viejos cuadernos. Sus vidas signadas por la desesperación han perdido el control. Se dejan trasladar por una idea utópica para poder alimentar su inspiración artística. Unos la encuentran en la carencia de recursos, algunos logran alinear todos sus sentidos en el transcurso de largas caminatas, otros todavía no la han encontrado pero están convencidos de que ese será por siempre el camino conveniente.

Los escritores desesperados son hombres sensibles y fuertes. No dudan y tampoco se dejan amedrentar. Sencillamente perciben la concentración de la plenitud absoluta en algunas imágenes o profundas reflexiones.

Su marcha genera miedo y por su parte saben concebirlo. Sienten temor ante la idea de perder la vida y están dispuestos a entregarla por una causa justa. Sus ojos parecen desorbitados a raíz de la intensa desesperación que se transforma en furia. Los espectadores retroceden y desean huir.

Cabe destacar, finalmente, que la reconocida Tropa de los Escritores Desesperados lo puede absolutamente todo.

Del otro lado del valle logran visualizarse blancas túnicas ondeándose en perfecta armonía con los vientos preponderantes de la montaña. Su caminata hacia el eje del enfrentamiento es paciente y firme. Se trata sin lugar a dudas de la solemne Tropa de los Escritores Sosegados.

Marchan en completo silencio sin atisbos de deseo. Sus espíritus purificados han alcanzado una profundidad indescriptible. Llevan sus cuadernos consigo y se inspiran en la paz absoluta. Sus textos fluyen como agua a partir de una intensa conexión sencillamente mística.

El enfrentamiento se ha vuelto inevitable y dichos escritores han asumido la responsabilidad de participar activamente. No conversan y da la sensación que meditan mientras avanzan. Sus ojos fríos solo pueden generar la sumisión absoluta ante semejante exhibición de conocimiento. Los espectadores reciben en su pecho un sorprendente aura de paz y sometimiento. Ante tal presencia se vuelve imposible sentir miedo o la intención de huir. A partir de la quietud de sus músculos, sólo pueden percibir la pérdida total del habla y permanecen petrificados.

Cabe destacar, finalmente, que la reconocida Tropa de los Escritores Sosegados, lo sabe absolutamente todo.

Está todo listo entonces, solo resta observar la batalla, que será sin lugar a dudas la más noble y extraordinaria de las batallas de la historia humana.

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