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tundrario

Todo está dicho. Lo que está al alcance de nuestras manos. Lo curioso, me dirás, es tener otras manos. Unas con venas delgadas y azules. Manos débiles que se pueden herir fácilmente rozando alguna textura sutilmente rugosa, que exponga sus venas frente a una lija, su carne ante un rasguño. Manos que tocan el aire, que exponiéndolas sensiblemente al sol, se queman. Manos torpes que sólo pueden acariciar, que no golpean, que se ven rojas y asquerosas como de un bebé que acaba de nacer. No son normales ni sencillas. Cuesta trabajo desarrollarlas, con un dolor ahogado, un sonido atrapado en un cuarto de plomo. Cuesta el respiro profundo, la observación absoluta, el estado cúlmine del estar vivo. La sonrisa triste y negra, vacía, que sale un pozo profundo. Usar nuestras manos, las que nos dieron con esos callos, con cicatrices y un sentido del tacto voraz e insuficiente. Tocar con las que tenemos las otras, y nuestros cabellos. Ser por momentos nuestro estado cúlmine y encontrar allí las súplicas de los ángeles, y en ellas, las verdades secretas.

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Shck, shck, me rasco, y shck, shck. Pero mandale una vocal, che. Pero no le mando ninguna, ¿dónde escuchás vos la vocal en rascarse un poco? Shck shck. Cómo pica. No estoy seguro si hay unas pulgas por acá o si me salió una especie de alergia muy fea. Lo cierto es que no deja de picar, y shck shck. Podría pasar por la farmacia. Tal vez me recomienden un repelente o alguna medicación antialérgica. Tal vez me manden de vuelta a casa. Por lo pronto me rasco fuerte. Algunas ronchas ya coloradas comienzan a perder esa última delgada capa de piel. Si tiene que picar y no voy a poder controlarlo, por lo menos que arda grotescamente, y que sangre. Me puedo seguir rascando también así arde más. Me lavo para no infectarme con la mugre de mis uñas. Podría también lavar mis uñas, o cortarlas, o ambas, o Emilio Ambasz, y seguir rascándome, y que arda, que arda mucho, pero que no pique.

Un croissant, un croissant que se moja en el café. El café en la mesa. La mesa en una confitería. En una calle, en una ciudad. La ciudad en un país, país en un continente, en el planeta tierra. Planeta en un sistema solar. En una galaxia, en un universo infinito. En un universo infinito el croissant se moja en el café, en el café flota una pequeña miguita de croissant, la miguita tiene el exacto e idéntico volumen infinito e incuantificable del universo, en el universo de miguita, galaxias. En las galaxias de miguitas sistemas solares de miguitas, en los sistemas solares planetas de miguitas, en los planetas no hay divisiones políticas, por lo que no se pueden reconocer países y continentes de miga, sólo hay miga y miguitas, más espacio y moléculas, y átomos, y ciudades de miga con confiterías y mesas, y croissants que se mojan en cafés, y de él se desprenden más migas, y miguitas con el exacto e idéntico volumen infinito e incuantificable del universo.

Las siguientes notas fueron encontradas en el cuaderno personal de anotaciones de Bernardo Álvarez Favaro, correspondientes a Marzo del año 2018:

  • La conexión de argentinos y portugueses contemporáneos y geniales en el mismo campo artístico es asombrosa. Amalia Rodrigues y Carlos Gardel. Fernando Pessoa y Jorge Luis Borges. Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. La última la hago sencillamente por pintoresca pero no por justa.
  • Me gusta más el mar que un césped infinito o la montaña. Supongo que es porque el césped es verde, la montaña marrón, y el mar azul, haciendo juego con el cielo. Queda muy pintoresco.
  • En mis dos primeras notas escribí la palabra “pintoresco”, debo enriquecer mi vocabulario para escribir textos más pintorescos.
  • Sinónimos de pintoresco: gracioso, animado, atractivo, expresivo, etc. Seguiré usando pintoresco en primer lugar, por ser una palabra muy bonita, precisa, y además, un fetiche personal. Utilizaré otra de estas palabras aburridas sólo en caso de emergencia semántica.
  • Esta hoja está declarada en emergencia semántica.
  • El día está muy hermoso, debería salir.
  • No tengo ganas de salir.
  • Poner en crisis el “deber” de salir.
  • ¿Es una influencia cultural la idea de que en los días hermosos uno tiene que estar bajo el sol?
  • Fundamento “A” para salir: Según la ciencia, exponer mi cuerpo al sol genera vitamina D, algo muy necesario.
  • Muy pero muy necesario.
  • Buscar en el diccionario vitamina D.
  • ¿Qué asunto importante ha logrado desentrañar la ciencia?
  • ¿Qué es lo más destacable que ha logrado la ciencia?
  • Que algunos tarden más tiempo en morirse.
  • ¿Respeto a la ciencia?
  • Definitivamente no respeto a la ciencia.
  • El fundamento “A” para salir, basado en la vitamina D queda obsoleto.
  • Fundamento “B” para salir: Si no salgo siento culpa.
  • La culpa puede ser cultural.
  • La culpa no es un fundamento positivo, sino una especie de contrafundamento de quedarse adentro.
  • ¿Es válido usar contrafundamentos?
  • ¿Existe la palabra contrafundamentos?
  • Suponiendo que existe o al menos yo entiendo su concepto, ¿es válido usar contrafundamentos?
  • No necesariamente. Requiere otro tipo de análisis.
  • En lugar de salir podría analizar detenidamente el origen del sentimiento de culpa por no estar bajo el sol en los días soleados y poder así tomar decisiones más precisas en las siguientes oportunidades que me encuentre ante esta misma disyuntiva.
  • Suena bien.
  • Corrección: suena más o menos bien.
  • Voy a preparar mate.
  • Corrección: unos buenos verdecinguis.

– Sos muy linda.
– Gracias, de todos modos no me interesa que me aprecies por mi aspecto físico. Me ofende un poco.
– ¿Por qué?
– ¿Cómo por qué? Porque hay otras cosas en la vida. Me gustan otras cosas. No soy una cara nada más, tengo intereses. Me gusta atraer con otras cosas.
– ¿Cómo qué?
– Como con la inteligencia por ejemplo. Prefiero que me digas que te parezco inteligente o sagaz, u otra cosa.
– Bueno, en todo caso, si sos muy inteligente, ¿qué sería de eso más meritorio que ser linda?
– ¿En serio me preguntás?
– Si, en serio. De última en vez de bendecirte Dios con una cara bonita, te bendijo con un buen cerebro.
– Me parece una reflexión muy pelotuda la que estás haciendo.
– Es muy posible.
– No solo es la inteligencia, puede ser la forma de ser, el carácter, la voluntad o el esfuerzo de la gente. Hay distintos factores que hacen a una persona y son meritorios.
– ¿Y si tenés mucha voluntad es más meritorio que quien no la tiene?
– De alguna manera sí.
– ¿Y si en tus genes naciste con el gen de la voluntad y otra persona no?
– No creo que haya genes de la voluntad.
– ¿Y si tu contexto natural te lleva a tener voluntad y desarrollar tu inteligencia y otra persona no?, ¿y si otra persona nació con más capacidad intelectual (que no es meritoria) en un contexto vulnerable y no la pudo desarrollar?, ¿dónde está el mérito superior de todo eso por sobre el ser linda?
– Con este criterio que tenés nadie tiene mérito de nada en ningún aspecto. Vos tampoco tenés ningún mérito.
– Claro que no tengo ningún mérito de nada. A mí me gustaría que me digas que soy lindo.
– Me resulta muy superficial y lamentablemente ni eso aplica con vos. Puedo decirte que me resultás apenas simpático.
– Te agradezco mucho. A mí me parecés linda e inteligente.

Los dedos rozando el teclado. Apretando letras. Letras que formen palabras. Que las palabras sean como yo mismo. Letras, palabras, yo. Como parte de mi cuerpo. Triangulación tiki-tiki. Como el futbolista, como el futbolista, que hace jueguito, jueguito, jueguito. Que la pelota taka-taka, que la pelota arriba y abajo y paz. Paz en el pecho, control total de la pelota, la pelota es el jugador. Yo soy las palabras, yo taka-taka, suelto, om, om, ommm. Ni siquiera dejo pasar que el pensamiento se construya en mi mente porque para construirlo lo hago con las palabras. Puro, desde el fondo. Te lo doy desde el fondo porque sino, porque sino le pifio, le pifio, la pelota se cae, la pienso, llego o no llego, puedo hacer más jueguito, me pregunto, se cayó la pelota, se cayó porque la pensé, y las palabras se caen, se caen, se caen cuando las pienso, pienso, cuando las pienso, las palabras no son palabras, las palabras soy yo, el teclado, mis dedos tiki-tiki, mis manos, nervios, cabeza, yo, yo mismo, así, om, om, ommm.

  • ¿Ese es el cerebro del que me hablaste?
  • Sí, mirá.
  • Se ve bien.
  • ¿Viste? Parece inteligente.
  • No sé si inteligente, pero se ve bien, ¿Qué andás haciendo?
  • Mirá esto. Si metés el dedo por acá, estos plieguecitos. Tienen como un juguito, medio amargo, pero como salado, es riquísimo.
  • A ver.
  • Mirá, pasalo así fuerte como abriendo el pliegue y tratá de arrastrar todo ese juguito.
  • ¡Es riquísimo!
  • ¡Viste!
  • Es extraño. Primero deja un sabor raro pero después tiene un dejo diferente que genera cierta adicción.
  • Exactamente, no lo podría haber descrito mejor.
  • Me encanta, ¿puedo un poco más?
  • Sí, claro. Fijate que toda esta parte ya casi que le saqué todo. De este lado está casi intacto.
  • Mmmm, me encanta.
  • Yo sabía que te iba a gustar.
  • Che, ¿y sabés de quién era?
  • No me dijeron. Pero a juzgar por el sabor, era un artista.
  • ¿Vos creés?
  • Y, parece medio evidente. ¿Sentís esa sutilidad en el sabor? Esos matices de amargo y salado, parece un riñón clásico por momentos, después tiene esa cosa neomollejezca barroca.
  • Mira, no vine acá a discutir eso y no quiero ofenderte, pero ya que hablamos, a mi me parece que es de un carpintero.
  • ¿Carpintero? Ves que nunca entendés nada.
  • ¿No sentís como una especie de sensación de bodega mendocina? De roble antiguo.
  • No me parece la verdad.
  • Bueno, qué se yo. Gracias igual por invitarme
  • De nada. Pasame el queso que quiero probar una cosa.

Nono, quedate tranqui, no te muevas, dejá, en serio. Paso un segundito por acá nomás. Te juro que es un segundito, ya me voy. No te hagas problema, en serio, no hay historia. Es un segundito, te juro. No quiero molestar, paso por acá nomás y ya me voy, ya me voy, es un segundo, ¡Pero un segundo de verdad eh!, listo listo, ni te muevas, ya me voy, quedate tranqui, ya me voy…

¡Cuántas luces de colores!, me agradan mucho. Son muy alegres. Algunas luces rojas, o una sola pero dividida. Se me mete por las axilas, por los pelitos de las axilas, me hacen cosquillas, me empujan a levantar los brazos. Las luces verdes me dan en la cara, los ojos. Los abro y me siento verde, siento también el azul en mi cintura, en mi pelvis, mis muslos. Descubro posiciones, ensayo posturas de un baile que parece satánico con el rojo, que parece divino con el azul, de un cielo que da miedo, el de los dioses temibles. Con el verde intermedio, demasiado terrestre, practico movimientos en su punto máximo de dolor o de placer, con gestos, con caras de sufrimiento o de alegría extasiada. Con el amarillo, me sigo moviendo con una atmósfera suave, misericordiosa, de acciones que están por llegar al atardecer y tal vez pueda anticipar ahora con una sonrisa humilde y alegre, pero muy sutil y sin dientes. Como preparando un acto elevado, probablemente, esperando la ocasión precisa y romántica de defender una patria que no tiene banderas, solo feliz.

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