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tundrario

Por lo general trato de no escribir ningún artículo por fuera de lo exclusivamente literario o artístico. Principalmente porque no quiero mezclar las cosas, segundo, porque no creo que esta página tenga un gran alcance, y tercero, será tal vez que no he sentido hasta el momento un gran dolor como el de estos días donde permanecer al margen y subir textos sobre cualquier cosa simplemente me avergonzaría.

En estos días en Buenos Aires se ha dado un hecho histórico de retroceso a nuestra peor versión. El gobierno de Mauricio Macri busca aprobar las leyes de Reforma Previsional, Reforma Laboral y la quita de AUH (Asignación Universal por Hijo).

Justamente ayer el pueblo se ha movilizado en contra puntualmente de la Reforma Previsional. Una ley que busca modificar el actual coeficiente de aumento en los haberes jubilatorios, hasta hoy ligado a los salarios y la recaudación, para depender del IPC (Índice de Precios del Consumidor, regido principalmente por la inflación) generando en definitiva una pérdida de valor adquisitivo para nuestros jubilados, que hoy en día ya se encuentran en una situación límite.

El motivo es la clásica receta neoliberal que busca recortar el gasto público y el alcance de un Estado regulador. La mínima pensión recibida por los jubilados forma parte del “gasto público” que busca ser recortado.

Al margen de la iniciativa, todo esto se combinó con una manifestación que ha sido brutalmente reprimida frente al Congreso de la Nación, recordando nuestras peores miserias, a las que parecemos regresar cíclicamente.

La única solución será siempre la educación y estar informados para en principio no votar gente que se dedique a empobrecer a los pobres (y sacarle dinero del bolsillo a los ancianos). Debemos avanzar como sociedad y recordar que los medios de comunicación son empresas (una empresa es una organización o institución dedicada a actividades o persecución de fines económicos o comerciales), las cuales con toda lógica instalan una opinión pública de acuerdo a sus intereses (intereses de empresas).

El texto ha sido improvisado, simplemente no quería dejar de mencionar el tema y la gran tristeza que me genera ver nuevamente este tipo de acontecimientos penosos. Aprendamos de una vez.

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¿En qué te convertís cuando te convertís en vos mismo?, ¿tal vez en viento?, ¿en una ráfaga incontenible?, ¿de verdad?, ¿en un grito de gritadero fugaz y aterrador?, ¿en un sobrante de lo cotidiano, una resaca de energías desperdiciadas? En una calle tal vez vacía, arrasada. ¿O acaso cuando te convertís en vos mismo, sos pureza? Una transparencia en sosiego mayor, una certidumbre diáfana y total. ¿Creés en vos mismo?, ¿y que ha sido entonces, si me permitís, lo más importante en toda tu vida?, en serio, hablemos en serio. ¿Y vos sabés bien, no? Sabés bien para dónde vamos. ¿Con qué llenás esto? Esto de acá, mirame. Lo que tenemos acá. Mirame a la cara también, esta cara de “acá” con dolor, de vacío y de la nada misma. Cuando hacés arroz por ejemplo y lo tenés que acompañar con algo más, algo que te llene las tripas evitando lo soso de un arroz blanco. ¿Una fritura elegís?, ¿un sabor aceitoso y resbaladizo que te deja un presente extasiado? Que recorra los largos metros de tus intestinos sin ningún tipo de aspereza ni de rencor. O unas verduras, mejor. Unas verduras para proyectar al futuro inmediato. ¿Inmediato? Pero si.. pero si la vida.. faltan tantos años, ¿faltan tantos años? Pero si los dinosaurios, los dinosaurios paseaban saltarines tranquilamente hasta que, hasta que… eso fue hace como doscientos millones de años, ¿en serio?, ¿y vos cuántos años sos? Como un puntito sos, o una línea, o un segmento preciso y ahogado en un espacio inicial y final sofocante. Ah, claro, si, la vida puede ser larga. ¿Si?, ¿y si mejor te convertís en vos mismo?, sí, en vos mismo, pero, pero… ¿En qué te convertís cuando te convertís en vos mismo?

  • ¿Ésto es todo? – Preguntó el Hombre Ordinario.
  • Es todo. – Respondió el Hombre Inteligible.
  • ¿Y los sueños?
  • Son el pasado.
  • ¿Y la plenitud?
  • No existe.
  • ¿Y el amor incondicional que da sentido a las vidas mundanas?
  • Es para pocos.
  • ¿Y qué queda?
  • Lo que puedas hacer con lo que queda.
  • Puedo hacer muy poco.
  • Quedará muy poco.

Estábamos en la cama, me acerqué con una especie de escozor. Una nostalgia de vacío, una nada misma me llenaba. Yo no estaba allí. La rodeé con mis brazos pretendiendo acariciarla. La recorrí con mis manos, la rocé desesperadamente. Quise hacer todo al revés, en ese momento yo no era nadie. Te creés, idiota, que me vas a calentar así, sin ni siquiera darme un beso. Me dijo con una ira sincera, y con toda la razón también. Lo sabía. No quería besarla, no podía. Respondí torpemente, traté de esquivar sus reproches completamente ciertos porque aunque me jacte de tener autocrítica y honestidad, hay situaciones en las que decir la verdad es sinónimo de decir no te quiero en la cara, y eso, coincidamos, esa valentía aparente es la mayor de las cobardías. Me quedé callado por sobre todas las cosas y cedí en definitiva a su ofensiva. No me quedaban muchas alternativas, tuve que resistir golpe tras golpe deseando irme a cualquier otro lado pero me daba pereza. Me sentía un miserable hasta que ese sentimiento justificado me daba sueño. Hubiera querido decirle que bueno, que ya está, vamos a dormir mejor, mañana temprano me voy. Es tarde para este tipo de cosas. Paremos por hoy, por favor, paremos, dije sin convicción y por alguna razón paramos, no creo que haya sido por mí. Le dije que la quería y me limité a abrazarla. Recién entonces pudimos dormir. Supe mientras caía en una vigilia amarga, que debía marcharme temprano y no volver jamás.

  • A veces pienso. – Dijo Julio tomando un mate.
  • Sano ejercicio. – Respondió Diego.
  • A veces pienso que todas las situaciones o decisiones en la vida pueden resumirse en una sola escena o decisión posible.
  • ¿Cuál? – Preguntó Diego recibiendo el próximo mate.
  • Te lo voy a preguntar a vos. Suponé que te gusta el café bien caliente. Que cuando está caliente en su mejor expresión, te hace delirar de un goce festivo e inusual el paladar.
  • El mate me gusta también, bien calentito.
  • Suponé también que por alguna razón, no vas a tomar un solo café, sino dos. Es necesario que bebas dos cafés. Muy necesario.
  • Ok, lo supongo.
  • Y que a medida que la temperatura del café es menor, esa unidad se vuelve directamente proporcional al desagrado generado en tu sentido del gusto. Suponiendo el punto “bien caliente” como el máximo éxtasis gustativo posible, después tibio es algo peor, hasta frío que te resultaría completamente desagradable. Incluso te haría fruncir tu horrible rostro y sacar apenas la lengua con cara de imbécil.
  • Entiendo.
  • Ahora, si yo te diera a elegir sólo dos posibilidades. La “A” es tomarte un café bien caliente, en su punto cúlmine, y el otro terriblemente frío, en su punto más horrible. La opción “B” es tomarte los dos cafés tibios. En un punto medio, no delirás de placer, ni tampoco puteás de lo horrible que es. ¿Cuál elegís?
  • Ja, no sé, tendría que pensarlo. Son las dos válidas en principio.
  • Son las dos válidas. Creo que en definitiva todas las decisiones son un poco lo mismo, están los que eligen A o B en esa situación, y así eligen en todo lo demás en la vida.
  • No está mal. Suena entretenido por lo menos. Lo que efectivamente no genera un éxtasis en el paladar ahora mismo es tu mate. Más lavado imposible.
  • Vos no entendés de romanticismo. Tomá éste va con palos de yerba naufragando y buscando su hogar en una isla, donde lo esperan mates y bombillas de plata.
  • Te agradezco el detalle.
  • Contame che, si no te molesta la pregunta, estoy medio preocupado con el tema de la guita, ¿Vos cuánto estás ganando?
  • ¿Cuánto gano?
  • Si, cuánto ganás.
  • Interesante pregunta. – Dijo Julio tomando de pronto una especie de atmósfera risueña, superadora o misteriosa. Yo no podría medir cuánto gano. Gano por ejemplo cuando me río mucho. Gano tal vez cuando una lectura profunda me guía tal vez por un camino introspectivo hacia mi propio espíritu.
  • ¿Podés ser tan rompebolas?, ¿Cuánta PLATA ganás?
  • Ah, ¿estás hablando de dinero? Disculpame, es que tu pregunta me resultó tan amplia y ambigua.
  • Bueno, no me vas a responder.
  • Entonces para vos el término “ganar” en la vida se reduce al dinero. Es lo único que te interesa, cerdo asqueroso. Y encima cuantificás la cantidad que uno “gana”.
  • A veces siento que te odio.
  • Mira, voy a buscar en el diccionario – Dijo Julio y tomó un viejo Kapelusz que estaba sobre la mesa – Ganar: Conseguir una cosa tras mantener un enfrentamiento, disputa o competencia con otra persona. Ganar: Llegar al lugar que se intenta alcanzar. Ah, qué romántica esa definición. ¿Está claro ahora?
  • Bueno, solamente porque no tengo ganas de discutir estas cosas con vos, te pregunto de nuevo. ¿Podrías decirme el monto de tu salario?, la retribución mensual por tu trabajo.
  • Eso no te lo puedo decir.
  • ¿Por qué?
  • Porque es una información completamente privada. A veces parecería que no entendés de códigos sociales de comportamiento. Es una pregunta que no se hace, como preguntarle la edad a una vieja.
  • ¿Me vas a decir que justamente vos no le preguntarías la edad a una vieja?
  • Yo lo hago pero desde un punto de vista analítico, con intereses científicos, entenderás. No como vos que lo hacés con desesperación y cara de amargado, buscando en definitiva compararte conmigo para saber quién la tiene más larga, con tu machismo prehistórico y agresivo.
  • No sé si me das bronca o lástima. Me voy a lo de mis viejos que hoy hacemos un asado, ¿venís?
  • Te agradezco, sos dulce en el fondo. Hoy tengo pensado avanzar con unos estudios importantísimos.
  • Dios mío. Hasta luego.

 

 

Eco, me dijo Umberto, y escuché aquella musicalidad literaria. Las notas tácitas que llevan las palabras con sumo sigilo, y sus sílabas tónicas en las oraciones, cuentos, novelas. Tonalidad de naturaleza del lenguaje por un lado, y tonalidad del peso específico del significado, por otro. De vez en cuando sucede que uno se encuentra atrapado en una lectura y percibe en los pequeños espacios y comas, en los puntos, un silencio. De los que ensordecen y traen consigo un eco. Una palabra colocada en el lugar adecuado, un grito seco y áspero en la punta de un espacio inacabable, con la sensibilidad de buscarla dulcemente hasta que aparece para retumbar y hacernos sentir por un momento tan pequeños, sumisos. Siendo parte de una especie de barranco solitario e inhóspito, con esa bendita palabra reverberando por los valles y cerros, moviéndose a trescientos cuarenta y tres metros sobre segundo. Se puede recibir a modo de eco cíclico una y otra vez, aquella verdad súbita, aquel placer de saber que la vida al final tenía sentido y se podía justificar a sí misma con esos momentos, con rayos sonoros engendrados en el silencio y compuestos por notas precisas que emiten la exacta frecuencia de nuestro estómago-pecho, haciendo un efecto de resonancia-verdad. Resuena el cuerpo a partir del corazón, resuena la máxima expresión del vivir, la posible existencia de dios, resuena el recuerdo del presente, de estar vivo hoy, y para siempre.

¡Hola amigos! (hola) soy yo, ya llegué (llegué ya), estoy aquí (aquí de acá), vengo que te vengo (vengo eh), soy Ramón (hola). Saben que me tomé un tiempo (un tiempecito me tomé) y me fui a pasear por ahí (de vacaciones). En realidad no serían unas vacaciones (no serían). Podría decir algo asi como viaje (algo así). La cuestión (gran cuestión gran) es que sin darme cuenta (ni cuenta me dí), ya pasó medio año (la mitad exacta de un año). Lo importante de lo que les quiero contar (quiero) es que el tiempo se me vuela (como las chapas de la cabeza). Medio año (si), que parece como media hora (media hora parece). Entonces con esta seguidilla, un año sería una hora (sería eso). Porque lo que hay que decir acá (hay que decirlo señores) es que cuando te dicen que la vida es como un pedo en una canasta (pedo de gas, flatulencia, desgracia orgánica), efectivamente es verdad (totalmente). Antes de irme tomé como referente (gran referente) a un pibe que jugaba a la pelota conmigo (jugaba, jugaba). Un día se fue nomás a Australia el pibe a preparar café (mucho café). Me pareció mucho tiempo (me pareció), y un día nomás volvió (así nomás). Le vi la cara, y le dije (le dije) che que bien (re bien). Pareció como si lo hubiera visto ayer (ayer nomás) o sólo unas horas. Todo estaba igual (recontra igual estaba). Yo estaba igual (auch!). Entonces dije (ma sí (léase “ma sehh”(no te esperabas estos paréntesis, eh))), yo me voy para cualquier lado, si total (recontra total) no pasa nada y esta canasta ni siquiera tiene un pedo (ni siquiera). Me fui nomás y acá estoy (acá ando). Medio año le metí (la mitad exacta de un año), y parece que me hubiera ido hace media hora. Qué cosa, che (cosita). Y un paso y otro paso (pasito) y una hora, y media hora (y la vida entera).

Cómo estás, Lizette. Hoy te vi pasar. Te vi por ahí y te imaginé, te pedí permiso también para imaginarte y me lo diste. Me dejaste, muchas gracias, Lizette. Me dijiste que haga lo que quiera con vos en mi mente, que podía acariciar tu espalda, tocar tu cintura, tus muslos. Podía también verte sonreír, creyendo en mí, amándome. Te imaginé feliz, dibujé en tu cuerpo algo cursi, tal vez un corazón. No hay nada más cursi que dibujar un corazón, Lizette. No sentía vergüenza porque eras imaginaria, podía dejar de especular y explotar de amor, repetirte una y otra vez que te quiero, que te amo, Lizette. Te abracé también mientras te acariciaba y me permití ser tu dios, controlarte de modo imperturbable, no sentir nada. Te vi retorcerte. Vi tus mejillas rojas, te vi avergonzada, Lizette. Te perdiste en el placer de mis manos, rocé tus muslos y estaban húmedos, estaban mojados por tu confusión y tus mejillas ardían, exultantes, te dije que me resultaba absolutamente vulgar de tu parte, Lizette. Me mirabas con miedo sin comprenderlo, yo impertérrito, era hielo, era sencillamente el titiritero de tu cuerpo, que no dejaba de retorcer y utilizaba con desdén para armar figuras imposibles. Y así te miré, te rodeé completa con mis brazos. No estabas ahí, estabas perdida en un mundo imaginario, te esfumaste con tus mejillas rojas y me preguntaste qué vendría a continuación, te vi perderte, Lizette, y pidiéndote disculpas, con ardor y temor te consulté si podría ser, si será posible, si por favor, podría imaginarte una vez más y hacerte lo que yo quiera, Lizette.

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